El mejro momento

La conocí en un bar de copas, yo estaba con unos amigos y entraron un grupo de chicas que conocían. Se saludaron, me presentaron y se quedaron con nosotros. Ellas eran cuatro y nosotros tres.
Eran algo mayores que nosotros, tendrían treinta y bastantes, no eran modelos, pero eran muy guapas, alguna incluso me sonaba de haberla visto en alguna web porno de esas de videos x, todo un morbo de MILFs ,pero nosotros tampoco eramos gran cosa.


Al principio charlamos en grupo pero una hora después yo charlaba sólo con una de ellas. La conversación era intranscendente hasta que le dije:

- Tu escote me está volviendo loco.

- Ya veo. - me dijo riendo.

- Te lo comería todo. - le dije y ella se rió y me dijo:

- Te creo.

- ¿Siempre eres igual de lanzado?
- me preguntó.

- Sí. - le dije.

- Te volvería loca. - le dije,
con mucha seguridad y entonces ella sonrió y cambió de conversación.

Una hora después volví a la carga. Estábamos en otro local.

- Tu escote me sigue volviendo loco.

- Pues no mires tanto. - me respondió sonriendo.

- No puedo evitarlo. - le dije y ella se rió.

- Tal vez otro día me dejes mirarlo más de cerca. - le dije y a continuación le pedí el teléfono. Ella me pidió el mío y le dije:

- Puedes llamarme a cualquier hora. Siempre estoy de guardia para apagar un 'fuego'.

Nos reímos mucho, con mi ocurrencia.
Poco después ella dijo que era muy tarde y se fue.
Diez minutos más tarde sentí el vibrador de mi teléfono. Salí del bar para atender la llamada.

- Soy yo. - me dijo.
- Hola. - le dije.
- Necesito tus servicios. - me dijo.
- ¿Dónde estás? - le pregunté.
Regresé con mis amigos y les dije que tenía que irme.

Caminé hasta el lugar donde me esperaba Raquel. Cuando estaba a veinte metros las luces de un coche aparcado se encendieron. Era la señal convenida. Me acerqué al coche y entré dentro. Sin
decirnos palabra comenzamos a besarnos. Mi mano se metió debajo de su falda. Sus bragas estaban mojadas, metí la mano dentro de las bragas, ella se acomodó para facilitar la entrada de mi mano. Cuando toqué pelo, ella se estremeció y me besó con fuerza, mi mano llegó a su raja empapada y uno de mis dedos entró suavemente dentro de su raja y lo saqué lentamente buscando el clítoris. Al sentir mi dedo en el clítoris gimió, dejó de besarme y recostó su cabeza en mi hombro. Comencé a masturbarla suavemente, ella volvió a acomodarse, ofreciéndome su sexo. De vez en cuando mi dedo entraba en su raja, llegaba a lo más profundo y después continuaba masturbándola. De pronto comenzó a jadear con fuerza, cerró con fuerza los muslos atrapando mi mano y comenzó a besarme con pasión.

Mi mano seguía atrapada entre sus piernas, sin poder moverla.

Un rato después ella abrió sus piernas y pude sacar mi mano, entonces, sentí sus manos en mi cinturón y a continuación su mano sacó mi polla. Poco después se inclinó y comenzó a chupármela. Me corrí en menos de veinte segundos, fue una corrida enorme, mi polla no paraba de bombear y ella siguió chupando hasta que se secó.

Nos quedamos en silencio durante
unos segundos, después ella dijo:

- ¿Quieres que te acerque a tu casa?

- Sí, no creo que pudiese caminar
más de cinco metros. Me tiemblan las piernas. - le dije.

Nos reímos un rato y después ella
arrancó el coche. Cuando llegamos a mi casa la invité a subir.

- ¿Te atreves a subir?

Ella se rió y respondió:

- ¿No has quedado satisfecho?

- He quedado con ganas de echarte
un polvazo. - le respondí.

Un rato después estábamos en el piso. Pasamos directamente a la habitación, nos desnudamos y nos tumbamos encima de la cama. Ella comenzó a hacerme una mamada hasta que mi polla se puso dura
como un palo, después me puse encima de ella y le eché un polvazo inolvidable